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Acabo de descubrir
por cuestiones de la vida
que en la ciudad zapalina
el lobo no es el temor
que acecha en cualquier esquina
Como anuncia el Río Negro
no hay forma de manejarlo
nadie se anima a domarlo
arrasa con animales, postes,
luces y durmientes
y hasta se aflojan los dientes
por la fuerza con que sopla
A ese monstruo tan atroz
al que le prenden velitas
lo llaman Viento Feroz
y viene sin abuelita
- Ningo
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