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Subte
La gente del subte es inevitablemente fea.
con sus brazos de equeco y sus cuellos de caucho
se agolpan entre las mugrientas chapas, los fierros raros,
y mutuamente se aman en los vaivenes de ruedas, y enjugan
sus cuerpos en un diapasón tunulento.
Con sus ojos hundidos, sus pieles pálidas, sus piececitos mullidos, sus manos angostas, se empujan,
se agrupan en manadas, se enfundan sus oídos, se tapan los bolsillos.

Se tocan.

Principalmente se tocan. Entrelazados en un abrazo de caños.

Afloran por entre los huecos como corsarios, y palalean por entre los abismos
de las vías,
sin mirarse siquiera, sin saberse unidos.

A veces se respiran que de tan cerca podrían embarazarse.

Cuando por fin emergen raudos hacia la luz que de tan luz enceguece
Se acicalan, sonríen, se vuelven bellos, etéreos
y transeuntan por la callecitas y avenidas para volverse humanos.

Vicente Estrellero