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Son cosas de la vida
Tal vez un día de éstos
cuando abras esa puerta
y encuentres la penumbra
que gritará mi ausencia,
comprenderás de pronto
que solo te has quedado
sin éste amor de siempre
paciente y resignado.
No quiero que sufras
ni te sientas culpable,
las cosas de la vida
nos han vuelto vulnerables,
proyectamos un mundo
de sueños y alegrías,
con objetivos claros
en perfecta sinfonía,
pero el largo camino
se cubrió de espinas
haciendo del reproche
vulgar monotonía.
Por eso te ruego
si me escuchas todavía,
que me dejes seguir sola
el resto de mis días,
nada me llevo,
todo te lo dejo,
me bastan los recuerdos
de los viejos tiempos.
Llorará la tarde
su triste melodía
y quebrará el silencio
el dolor de la partida,
cuando el amor declina
invade la rutina,
no busquemos culpas,
son cosas de la vida.

Marta Bello