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Encadenada
Un enigma en el portal de la indecisión,
suplicando un trozo de vida para subsistir
Un abatido fantasma del pasado reverdece.

Está encadenada, prisionera de un destino
que no logra desenmarañar.
Un ruego que no quiere atender...
ausente... indiferente.

Encadenada... cautiva del engaño...con la
falsedad de haber deshonrado
su propia dignidad.
Su aciaga mentira de no reincidir...
de no repetir...ya no miente.

Pertenece a la comunidad de los
seres de la oscuridad que cada
noche se despojan de su piel diurna.

Y sigue ahí viva pero ausente.
Con su vergüenza enardecida
y su honra pisoteada.
Juega a conseguir, con una caricia clandestina,
el peculio que ambiciona.

La noche ha madurado. La noche despierta,
abre sus piernas y llama. La función comienza.
Ella inaugura una nueva aventura, la infortunada
aventura de todos los días.

El tiempo parece eterno,
igual que las madrugadas
que se asemejan al reflejo de sus retinas.

Las cadenas se regodean de gozo.
Los eslabones de acero oprimen
sus pensamientos ciegos... erráticos.

Sola con su tormento en el insalvable vacío
de las angustias que transitan
cómo lagrimas en risa a través
de un abismo silencioso.
Sabiendo que el vacío del alma
es el desconsuelo de su soledad.

Ya está nuevamente sola. Encadenada a ser
sombra de su sombra.

El cielo se muestra claro.
En el horizonte despunta
el campanario de una iglesia.

Se despide limpiando su cara del último despojo
para recibir con nuevos ojos
la luz que alumbra el alba.






Gustavo Monti